Desde su fascinación infantil por la gran pantalla hasta la compleja coreografía del último rodaje de JUNTOS, Mauro Veloso es el director de foto de “Que Se Acabe Todo”
Antes de operar cámaras de cine, Mauro Veloso miraba películas en una televisión chiquitita en el sur de Chile. Tenía cinco años cuando su padre lo llevó a una sala de verdad y el cambio de escala no fue solo visual, fue físico. “Recuerdo la emoción que sentí… de pasar de una tele muy chica a una pantalla de 16 metros”, cuenta. Esa fascinación infantil encontró su cauce cuando recibió su primera cámara de fotos, encendiendo la curiosidad que eventualmente se transformaría en una carrera en la industria audiovisual.
Tras consolidar su mirada en aplaudidos proyectos como Baby Bandito, Penal Cordillera y Mis hermanos sueñan despiertos, Mauro dirigió al equipo de fotografía de Que Se Acabe Todo. “Es un gran privilegio poder tomar una cámara, ser el primer espectador… ser el primero que ve la imagen en el visor”, comenta. El rol del Director de Fotografía puede parecer técnico, pero es el arquitecto de la atmósfera; quien define la luz, la sombra y el tono visual de la historia.
Sin embargo, su mayor regla es la humildad: la imagen nunca debe ser más importante que la historia que se está contando. Mauro rechaza la belleza vacía y su filosofía es clara: la fotografía no debe ser egoísta, sino que “su principal función es brindar y darle todas las herramientas al guion y al director, a la historia; no ser algo pretencioso que pase por sobre la película”.
Que Se Acabe Todo en plano secuencia: Sin cortes, sin escape
La colaboración con JUNTOS y el director Moisés Sepúlveda llevó a Mauro Veloso a un atractivo desafío: rodar Que Se Acabe Todo en plano secuencia. No se trata de un capricho estético, sino de una forma coherente para narrar este thriller financiero. “La gracia del plano secuencia es no perder la tensión y la realidad”, explica. Al eliminar el corte, se obliga al espectador a vivir la crisis en tiempo real, casi sin parpadear.
Esta técnica resulta brutalmente efectiva para una historia inspirada en los abusos del Caso La Polar. La continuidad visual arrastra a la audiencia a presenciar la maquinaria del fraude sin interrupciones. Mauro describe la película como “un thriller comercial, pero casi con tintes de película de terror, porque se ven muchos abusos, una cosa que es de una maldad profunda…”.
“¿Por qué es importante contar esta historia? Para que no pase nunca más”, sentencia Mauro. Frente a un Chile con “muy mala memoria”, la intención de la película es clara y urgente. Aquí, la proeza técnica del plano secuencia nos obliga a mirar, sin cortes, el reflejo de lo que fuimos.