Tras una intensa residencia creativa en Rengo, la directora Rocío Huerta y Karla Falcón, productora de JUNTOS, comparten cómo fue el paso por CineLab, impulsado por Netflix y la Academia de Cine de Chile.

En el largo proceso de escribir Reina Japonesa, este verano CineLab marcó un punto de inflexión definitivo de camino a la preproducción de la película. “El programa llegó en un momento muy particular, súper a tiempo”, confiesa Rocío Huerta, directora de la cinta.

Para Rocío, el guion de su primer largometraje había crecido mucho en el papel, sumando capas y personajes que, aunque interesantes, habían empezado a alejarla del corazón de la trama. “Fue una instancia bacán para condensar la historia y quitarle elementos que ya no aportaban. Me permitió llegar a la versión más apropiada para el rodaje que ya se viene”.

El laboratorio, fruto de la colaboración entre Netflix y la Academia de Cine de Chile, ofreció una serie de mentorías en las que Reina Japonesa recibió la asesoría de Celina Murga, destacada cineasta argentina.

“Con Celina tuvimos una conexión inmediata; ella entendió la película y el proceso en el que yo estaba”, explica la directora. “No se trataba de replantearme la historia, porque la tengo súper clara, sino de quitar volumen. Celina me ayudó a identificar qué cosas estaban de más para ir a buscar la historia real, la parte más esencial. Logramos bajar un volumen importante de páginas y eso fue una liberación”.

Para Karla Falcón, productora ejecutiva de JUNTOS, este trabajo previo con Murga fue el cimiento para lo que vendría después en la residencia. “Tuvimos asesorías iniciales con Celina para llegar preparadas al momento del encuentro presencial. Una vez ahí, el trabajo fue siempre en equipo; trabajamos juntas la historia para encontrar el corazón de la película y producir desde ese lugar”, explica.

Las directoras y productoras de los ocho proyectos seleccionados se reunieron en una breve residencia en la Casona Alzamora, en Rengo. Donde compartieron en torno a actividades de formación y fortalecimiento, que buscaron potenciar tanto los aspectos creativos como las estrategias de producción y financiamiento de los largometrajes.

“Éramos puras mujeres, un grupo grande compartiendo 24/7 sobre nuestras experiencias y cómo nos sentimos en la industria. Ya no es solo un laboratorio de guion; hay algo de amistad y de pasarlo bien conversando sobre lo agotador y desafiante que puede ser sacar adelante un proyecto”, relata Rocío.

Durante esos días, la directora también se nutrió de la experiencia de figuras como la española Carla Simón (Alcarràs), cuya masterclass sobre su propia ópera prima resonó profundamente en ella: “Estando yo en mi primera película, me empapé de todo lo que ella contó. Fue muy bonito recibir ese impulso justo ahora”.

El aprendizaje con Simón tuvo un impacto inmediato en la planificación de JUNTOS. “Vimos su película Verano 1993 y nos contó cómo la hizo. Ella ensayaba mucho y trabaja con niños, algo que tenemos en común con Reina Japonesa. De ahí sacamos ideas concretas: esta película necesita meses de casting previo y ensayos antes de filmar, y el presupuesto tiene que funcionar para que eso ocurra”, añade Karla.

Además de la formación técnica, la residencia contó con la visión de figuras internacionales como Marisa Fernández, coproductora de El agente topo, y Erika Halvorsen, gerente de contenido de Netflix Latinoamérica, quien reforzó la importancia de la potencia narrativa para conquistar audiencias globales.

Tras el paso por CineLab y a través del Método Juntos, el guion zanjó su versión final gracias al trabajo con Malu Furche, destacada guionista que ha colaborado previamente con JUNTOS en películas como Oro Amargo y Que Se Acabe Todo; y Moisés Sepúlveda, cineasta y socio de la productora.

Con el guion estructuralmente cerrado y la esencia de Reina Japonesa más nítida que nunca, Rocío Huerta se prepara para pasar a la siguiente etapa del proyecto: el rodaje. El paso por CineLab no solo dejó un guion más magro y potente, sino una red de apoyo entre colegas que siguen de cerca la ruta de esta “Reina” nortina.

“Se armó una confianza cercana y un lazo importante. Todas terminamos con ganas de cambiar la forma de hacer cine, buscando nuevas formas comunitarias que solo aparecen cuando estamos todas reunidas”, concluye Karla Falcón.

“Cada una de las chicas dejó un mensaje de buena onda, quedamos conectadas. CineLab te entrega herramientas técnicas, pero también una contención personal que es muy enriquecedora para el proyecto”, finaliza la directora.