Este es un documental sumamente conmovedor y emotivo que narra la relación íntima entre un padre y su hijo en el extremo sur de Chile. El núcleo de la película es muy tierno, porque muestra cómo el hijo se dedica por completo a diseñar y construir una gran máquina con un único propósito: facilitarle el duro trabajo a su padre, un buscador de oro, para regalarle una vejez más amable, sostenible y digna. Lograrlo se vuelve una travesía inmensa que le toma al menos seis años de su vida.
El documental sigue de cerca todo ese proceso, registrando con mucha paciencia las constantes dificultades que se presentan en un entorno tan hostil como la Patagonia. Es una película hermosa porque te hace transitar por emociones muy cálidas y, a pesar de la rudeza del paisaje, te devuelve la esperanza de que todo va a estar bien si nos cuidamos entre nosotros.
Me pareció impactante ver este tipo de realidades tan distintas a las que una vive en el día a día. Aunque al principio dudaba si era necesario mostrar este rincón, creo que la película acierta completamente al revelarnos un mundo muy poco conocido: la vida de un hombre que habita solo rodeado de kilómetros y kilómetros de campo austral. Ver esa inmensidad y comprender su cotidianidad es algo sumamente interesante que amplía tu perspectiva. Recomiendo verla porque es una obra con una sensibilidad única que logra traspasar la pantalla y conmovernos profundamente a través de la persistencia de sus protagonistas.