Con el claquetazo final en el Valle del Elqui, “7 Veces 7”, la ópera prima del mexicano Paulo Riqué, producida en alianza por Animal de Luz y JUNTOS, cierra de manera oficial su etapa de rodaje
El cine latinoamericano suma un nuevo hito con el cierre oficial de las filmaciones de 7 VECES 7, una ambiciosa coproducción internacional encabezada por las productoras Animal de Luz (México) y JUNTOS (Chile). El proyecto, dirigido por Paulo Riqué, entrelaza paisajes, culturas y miradas estéticas entre ambos países en un relato impregnado de un universo visual único.
7 VECES 7 sigue los pasos de su protagonista en un periplo emocional y físico que transcurre en escenarios atemporales, donde los silencios, la soledad y los vínculos humanos marcan el pulso de la narración.
En palabras de su director: «Escribirla y dirigirla en clave de terror para mí fue algo que surgió por consecuencia. La historia es como una parábola; los elementos sobrenaturales son solamente un eco del corazón de los personajes. Para mí, el fantasma era la forma más elocuente de hablar del corazón roto».
Un rodaje a dos orillas: Entre México y el Valle del Elqui
La producción se estructuró en dos grandes etapas geográficas y técnicas. Por un lado, desde nuestro país viajó Diego Pequeño, el director de fotografía, para rodar la mayor parte de la película en México. Y luego, junto al director y su asistente se trasladaron a Chile para filmar durante tres semanas intensivas en los imponentes exteriores del Valle del Elqui.
El principal desafío era la continuidad entre ambas locaciones, dado que en la cinta deben enlazarse como si todo fuese México. Esta dualidad geográfica presentó complicaciones más allá de la capacidad del equipo, como la luz del sol.
«En México teníamos la luz cenital y directa del verano, mientras que en Chile nos enfrentamos a un sol de invierno mucho más lateral y a una ventana de luz muy acotada por las quebradas de los cerros», explica Diego Pequeño. «En vez de pelear contra eso, lo abrazamos de una manera que tenía que ver con el guion y con la psicología del personaje. Entrar a esa parte de la historia, la filmada en Chile, era como entrar a otro mundo; que tuviera otra luz permitía reforzar esa idea».
La dirección de fotografía: Ópticas vintage y rigor técnico
Uno de los grandes atractivos de la propuesta visual de 7 VECES 7 radica en la cuidadosa selección de equipos y ópticas, con el pie forzado de que estas herramientas debían estar disponibles en ambos países. La elección recayó en lentes Cooke Pancro Classic, complementados con piezas vintage de los años 40 y 50, las clásicas Cooke Speed Pancro, traídas especialmente desde México para rodar las secuencias oníricas de la película.
Sobre la elección, el director de fotografía detalla: «A mí me gustan mucho las ópticas de esa marca Cooke porque tienen una textura bien suave y bastante orgánica. Que dialoga con esta no-temporalidad de los personajes de la película y los destellos de realismo mágico que tiene»
Acompañado por un equipo de primer nivel que incluyó al gaffer mexicano Pedro Guzmán, al gaffer Cristóbal «Pichi» Iriarte y al foquista Nicolás “Pape” Bórquez, ambos chilenos, el trabajo de cámara combinó con maestría trípode, gimbals estabilizados y complejos planos secuencia de larga duración para contar esta historia de terror elevado con tintes western.
Animal de Luz y JUNTOS, una nueva alianza
Para JUNTOS, el fin de este rodaje es la consolidación de una alianza con Animal de Luz, marcando un precedente en la colaboración internacional y expandiendo la capacidad productiva de la casa de la mano de directores extranjeros.
«Esta ya es la tercera ficción que producimos fuera de Santiago, y es la primera película que hacemos con director extranjero en Chile; yo creo que, 7 VECES 7 viene a consolidar un poco nuestra capacidad productiva», reflexiona Felipe Egaña, socio de JUNTOS.
Con el material de imagen viajando hacia el norte para el montaje, que luego retornará a Santiago para el diseño de la banda sonora y la corrección de color, 7 VECES 7 comienza a su postproducción con un pie en México y otro en Chile. Sobre esta conexión territorial y compartir su historia con nuestro país, el director Paulo Riqué reflexiona: «Para mí, el que estemos aquí alimentó el lenguaje, alimentó el discurso. A mí me inspira mucho el paisaje del Valle del Elqui, me inspira tremendamente, como si la zona misma estuviera dotada de poesía».