La ciénaga es una de mis películas favoritas de toda la vida. A partir de ese visionado, en realidad, me obsesioné un poco con la directora y su cine. Es una obra fantástica que siento que me cambió completamente la perspectiva cinematográfica.

La trama nos sumerge en el sofocante verano de una provincia del norte argentino, donde dos familias de clases sociales diferentes conviven entre la desidia, el calor agobiante y los secretos a voces; pueblo chico e infierno grande. A través de un retrato coral lleno de silencios tensos, miradas cargadas y una atmósfera asfixiante, la directora expone la decadencia de una burguesía provinciana atrapada en sus propias contradicciones.

La película, que es la ópera prima de Martel, tiene un nivel de detalle en su construcción sensorial que te atrapa por completo, subvirtiendo constantemente las jerarquías, en una historia que se siente cíclica e inescapable. Para mí es una pieza fundamental, que redefine nuestra forma de mirar y entender el cine contemporáneo.