Con décadas de trayectoria y una madurez artística palpable, Melo entra en la película con un personaje que pide riesgo, humanidad y esa artesanía que define su oficio.

Para Pancho Melo, hacer cine no es solo actuar: es trabajar con las manos, con el oído afinado, con la paciencia de un artesano. No lo seduce la grandilocuencia, sino esa intimidad microscópica donde cada gesto importa, cada respiración es parte del relato y cada escena es una pieza cuidadosamente trabajada. Para él, el cine es un espacio de detalle, de concentración profunda y, quizás por eso mismo, uno de los lugares más intensos y atractivos del oficio.

Su trayectoria, siempre marcada por la cercanía con el público, comenzó en el teatro. La televisión hizo de él un rostro familiar, querido, capaz de moverse entre comedia, drama y cotidianidad con enorme naturalidad. Pero es el cine el que lo desafía desde otro lugar: uno que exige recogimiento, exactitud y una relación más fina con el tiempo y la verdad. 

En Que Se Acabe Todo, Melo interpreta a Ramiro Tocornal, un ejecutivo financiero que vive en la frontera difusa entre la eficiencia y la ética. No es un villano evidente ni un cómplice silencioso: es alguien que entiende perfectamente las reglas de ese mundo y las usa. 

Pancho lo aborda con una mezcla de lucidez y humor, consciente de la perturbadora familiaridad que tiene este tipo de figuras en la cultura chilena. “Es grosero, frontal, directo. Hay una brutalidad en él que me resulta muy atractiva como actor, porque detrás de eso hay una verdad incómoda.”, dice. En su aproximación, más que juzgarlo, Pancho busca entenderlo: qué lo mueve, qué lo calma, qué lo justifica frente a sí mismo. Y en esa lectura aparece un personaje inquietante, palpable, muy real.

“La mezcla de crudeza y humanidad que Pancho maneja es muy rara de encontrar. Él entiende el alma del personaje sin tener que explicarla.”, comenta Moisés Sepúlveda, director de la cinta.

Su lectura sobre la película revela también por qué este proyecto lo moviliza. Para Melo, contar la historia es revisar un punto ciego del país: “Revisitar el Caso La Polar es entender un terremoto que todavía nos tiembla por dentro. Mirar ese derrumbe financiero es preguntarnos cómo nos relacionamos con la confianza, con el poder, con lo que decidimos no ver.” La suya no es una aproximación moralista, sino una inquietud genuina por lo que la película propone: mirar de frente un mecanismo que afectó a millones, sin filtros, sin edulcorar.

Pancho Melo llega a Que Se Acabe Todo en un momento particular: con una carrera ya consolidada, pero con el apetito creativo intacto. El cine, para él, no es un premio ni un destino tardío, sino un espacio donde su oficio se agudiza, donde cada papel lo empuja un poco más hacia ese trabajo artesanal que tanto respeta. Y es ahí, en esa mezcla de claridad, oficio e inquietud, donde Que Se Acabe Todo encuentra uno de sus intérpretes fundamentales para contar esta historia.