Los delitos económicos no tienen sangre, ni pistolas, ni grandes persecuciones. Tienen archivos Excel, correos electrónicos y reuniones a puerta cerrada. El desafío de Que Se Acabe Todo era evidente: ¿Cómo filmar la adrenalina de un fraude financiero cuando el “cuerpo del delito” es un dato?
La respuesta de Moisés Sepúlveda, director de la cinta, no fue buscar la acción afuera, sino tensar la forma adentro. La película, inspirada en el mediático Caso La Polar, se presenta como un gran plano secuencia: una coreografía ininterrumpida donde el espectador casi ni puede pestañear.
Pero a diferencia de referentes recientes como 1917 o la serie Adolescence, que buscan el tiempo real, la apuesta de JUNTOS es más radical: usar el plano secuencia para comprimir el tiempo.
La decisión no nació de un deseo estético, sino de la realidad de la industria. En vísperas del green light, el equipo se enfrentó a la encrucijada clásica del cine independiente: el guion ideal versus el presupuesto real.
“En esta película se dio el virtuoso caso en donde la modificación formal es lo que ajustó el presupuesto”, confiesa Moisés. Filmar de manera fragmentada (plano contra plano) implica largas horas de reiluminación y montaje de set para obtener solo minutos de material útil al día. El plano secuencia, aunque exige ensayos teatrales exhaustivos y un margen de error casi nulo, permite un rodaje más ágil.
Sin embargo, había un problema narrativo: la historia del fraude abarca años, y el plano secuencia es, por definición, esclavo del “ahora”. Aquí es donde entra la experiencia de Moisés como mago, oficio al que se dedicó por 10 años antes del cine. “Si estoy contigo y veo a alguien caminar hasta sentarse, eso es cine. Pero si de pronto, ¡puf!, la persona aparece sentada a nuestro lado, eso es magia”, ilustra. “El truco está en esconder el tiempo en que la persona caminó. En esta película hacemos eso: ocultamos el paso de los meses a plena vista”.
Utilizando el concepto de misdirection (control selectivo de la atención), la película esconde las elipsis a plena vista. La cámara gira, un objeto cruza el lente, y al volver al personaje, han pasado meses. “Eso permite que un personaje pueda salir embarazada de cuadro y entrar por la puerta con su bebé en brazos sin que haya un corte”, detalla el director. Es una técnica de “montaje interno” que permite contar el auge y caída de los protagonistas sin interrumpir el flujo visual.
Más allá de la ingeniería técnica, la decisión tiene un fondo político y emocional. Que Se Acabe Todo narra el viaje moral de ejecutivos que cruzan la línea ética empujados por la ambición.
Para Moisés, el plano secuencia es particularmente útil a la hora de transmitir ese vértigo. Al eliminar el corte, que en el cine funciona como un respiro o una pausa lógica, el espectador queda atrapado en la misma inercia que los personajes. “La gracia del plano secuencia es no perder la tensión y la realidad”, afirma.
La coreografía visual permite sentir físicamente lo que el director llama “el tirón”: esa fuerza animal y salvaje que lleva a tomar decisiones impulsivas para tapar carencias. Al obligar a la audiencia a vivir la crisis en un continuo, sin escapatoria visual, la película subraya su tesis final sobre la memoria de Chile: hay historias de las que no deberíamos poder apartar la vista.